El Valle con un liderazgo en duda: el de La Gobernadora Toro.
- Politica de la Felicidad

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Hace más de dos décadas en el Valle del Cauca hay una mujer que representa poder pero también contradicción; poder, porque intenta representar a las mujeres que no han podido romper el llamado “techo de cristal”. Ella es Dilian Francisca Toro, actual gobernadora del Valle del Cauca, quien ha sido alcaldesa, senadora y dos veces mandataria departamental, consolidando un liderazgo que muchos ven como el de una mujer fuerte que logró abrirse paso en la política regional y consolidar en la agenda temas de género.
Sin embargo, su trayectoria ha estado marcada de manera paralela por investigaciones judiciales y disciplinarias que han sembrado dudas persistentes sobre su entorno político y personal. A su alrededor, han aparecido nombres de ex-aliados y mentores que terminaron condenados por enriquecimiento ilícito; su compañero de vida fue investigado por negocios relacionados con tierras cuya procedencia fue cuestionada; y ella misma ha enfrentado procesos por presunto lavado de activos, constreñimiento al elector e irregularidades administrativas, varios de ellos archivados o precluidos sin decisiones de fondo. Aunque no existen condenas penales firmes en su contra, debido, la mayoría de las veces, por vencimiento de términos, el cúmulo de expedientes, investigaciones y sospechas ha acompañado cada uno de sus triunfos políticos.
La pregunta, entonces, no es sólo jurídica sino ética y política: sobre qué bases se consolidó ese poder y qué efectos tiene para el Valle del Cauca que su liderazgo avance siempre bajo la sombra de procesos inconclusos. Porque más allá de la figura individual, cada investigación abierta o archivada sin claridad erosiona la confianza ciudadana y mantiene al departamento atrapado entre la gestión pública y la permanente sospecha.
Sobre el tema de género y de empoderamiento que es una de las banderas de Dilian Francisca Toro, se debe decir que estas se quedan solamente en el discurso, puesto que lo que no se ejecuta es tinta muerta: ahí radica la contradicción.
¿por qué? Las brechas de género en la capital del Valle, por poner un ejemplo, se profundizan: el 51,6% de mujeres se encuentra en la informalidad laboral y de ellas, el 60% gana menos de un salario mínimo. La desigualdad, en Cali, no solo tiene rostro femenino, sino que sostiene una duda importante: ¿Cómo la gobernadora, abanderada de luchas feministas, no ha dado una solución estructural a esta problemática?
El mercado laboral no ofrece un alivio real. Aunque entre marzo y mayo de 2025 el desempleo cayó al 9,1%, la informalidad sigue marcando la vida de casi la mitad de la población ocupada, atrapada en trabajos sin estabilidad ni derechos. Esta precariedad sostiene un círculo de vulnerabilidad que golpea con más fuerza a jóvenes, población afrodescendiente y mujeres cabeza de hogar.
A ello se suma un sistema de salud tensionado y fragmentado: más del 70% de los caleños depende del régimen subsidiado, con barreras constantes para acceder a atención especializada y tratamientos oportunos.
Mientras tanto, la fortuna de Dilian Francisca Toro ha seguido un camino distinto, consolidándola como una de las gobernadoras con mejor patrimonio líquido en el país, con más de $3.000 millones de pesos. Alrededor de su figura no solo se consolidó un proyecto político, sino también un entramado económico que creció en paralelo al poder. Empresas vinculadas a su entorno familiar, inversiones inmobiliarias y operaciones comerciales han sido objeto de investigaciones judiciales y fiscales que, aunque no siempre terminaron en condenas, dejaron preguntas abiertas sobre el origen y la expansión de ese patrimonio.
En el Valle, mientras los indicadores sociales se estancan, la distancia entre el poder político y la vida cotidiana de la gente parece ampliarse, alimentando la percepción de que no todos pierden cuando el territorio se detiene.




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